Hoy hace ocho años…
Publicado por goiriz en Mayo 8, 2008
…que Pitusa pasaba por el quirófano del hospital Son Dureta de Palma de Mallorca. Hacía seis días ya había sido operada en el mismo hospital, pero la cosa no funcionó como se esperaba y hubo que intervenir de nuevo… aquí os dejo lo que escribí (hace ya unos cuantos años) sobre la “aventura” de aquellos días. ¡Ah! no quiero olvidarme de agradecer el trato recibido por todos los empleados que nos atendieron, médicos, enfermeras, auxiliares, celadores… sois fantásticos, gracias.
SALA DE ESPERA “UCI SON DURETA”
De ocho a ocho y media, de una a una y media, de veinte a veinte treinta, cinco días, tres veces al día… sala de espera UCI Son Dureta. El estómago cosquillea, la puerta no se abre. Sonrío a María que me mira, no sonríe, tiene miedo… tengo miedo. La puerta no se abre… alguien protesta, desespera. Miro a María, de nuevo, me mira… tengo miedo. Un hombre llora, otros lo consuelan. La puerta no se abre, María ya sólo a la puerta mira. Pienso en ella, la Pitusa mía. ¿… cama dieciocho? Me pregunto a mí mismo. Me acerco a María ¿Cama dieciocho, no?… dieciocho, me confirma. Ya pasan diez minutos de la hora establecida. La puerta no se abre… se nos abren la entrañas. De nuevo, voces de protesta ¡desesperan! La puerta no se abre. La sala semeja un funeral en vida. Se abre una puerta… no es la nuestra, murmullos, protestas, lloros, no es la nuestra. Se abre otra puerta ¡es la nuestra! Por fin, vamos, vamos… el corazón late a mil. Sin correr, corremos, todos tenemos prisa, todos tenemos miedo en esta antesala de vida o muerte. Cubrimos nuestras cabezas y zapatos con un gorro y unas calzas verdes. El corazón ya va a dos mil. Doce, trece, dieciséis… dieciocho. De uno en uno, por favor, nos dicen. Entro la veo a dos metros de mí… Dios, cómo está… no puede ser ella, me digo. Dibujo una sonrisa mentirosa y me acerco; sí es ella… no puede verme, sólo puede mirar hacia el techo. ¡Hola, pequeniña! Sus ojos me sonríen. María, desde una ventana que da al pasillo, dice hola y Pitusa, de nuevo, sonríe con los ojos. Los tubos y cables salen de todas partes, la cabeza está muy hinchada, enormemente hinchada… ¿cómo lo llevas, Pitusiña? Sus ojos dicen que sí, que bien. Sé que es mentira, no puede respirar por sí misma, tiene respiración asistida… suena una alarma en la pantalla de uno de los monitores, vuela una enfermera, me aparto, me muero de miedo; miro a María, está pálida… la enfermera hace su trabajo y con una sonrisa nos tranquiliza. Ya hablé con los niños, le digo, te mandan muchos besos y que no te acostumbres a la buena vida, le digo con una sonrisa… sonríe con sus ojitos escondidos por la hinchazón de la cara. Tengo miedo, sonrío, la beso… pasa el tiempo muy deprisa. Voy a salir, sólo un momento, para que entre María. Entra María, asustada y a la vez valiente… supongo. Ya en el pasillo me pego a la pared, soplo, resoplo, miro al techo, quizá buscando al del cielo. Sale María, vuelvo… por favor, vayan saliendo, nos dicen. La beso, la quiero, tengo miedo, sonrío… a la una volvemos, pórtate bien… sonríe. Salimos, no nos decimos nada. Volvemos a la una, en silencio, a la sala de espera de la UCI de Son Dureta. Cinco días, tres veces al día… la puerta no se abre.

Mayo 8, 2008 en 10:15 am
Joer que mal lo habreis pasado, conozco esa sención …
Mi madre lleva pasando por el quirófano desde que era yo una niña, cinco veces se ha operado, y en cada una de ellas sin saber muy bien si saldría viva o no. De la última vez ya hace varios años y parece que ha sido la definitiva aunque yo sé que ella a la mínima molestia en la zona no se fia del todo de que está curada.
Muy buen relato.
Mayo 8, 2008 en 10:27 am
Por desgracia tanto lo de tu madre como lo de Pitusa está a la orden del día y no queda otra que pasarlo como mejor se pueda. Pero está claro que la espada de Damocles siempre está presente y para que vamos a engañarnos ¡acojona!
Mayo 8, 2008 en 5:59 pm
Conozco a mucha gente que trabaja en el hospital universitario de Son Dureta, y coincido contigo en el trato tan humano y amable del personal, a pesar de la masificación que sufre, siendo el único hospital de las islas bien equipado. Entrañable tú relato, muy conmovedor.
Mayo 8, 2008 en 7:07 pm
La salud es lo más bonito que le puede pasar a uno, espero que todo vaya bien
Mayo 8, 2008 en 8:23 pm
Gracias “Pantina”. Lo del personal fue algo increíble, pensamos que era porque estabamos allí, sólos, los dos -María llegó cuando fue la segunda operación, una gran ayuda emocional sin duda-, pero no… mucha gente opina lo mismo. Por lo que pienso que no es algo casual. Nosotros les estaremos siempre muy agradecidos.
Mayo 8, 2008 en 8:32 pm
Lolo, estoy contigo en lo referente a la salud pero el “juego” de vivir tiene sus contratiempos, nosotros, por suerte, lo contamos y todo va viento en popa (con pequeñas incidencias)… otros, lamentablemente, no tienen esa suerte. Es lo que hay.
Mayo 9, 2008 en 10:10 am
Es una sensación de impotencia cuando estás en un hospital por una intervención quirúrgica, todo depende de los demás y tu solo puedes estar allí y apoyar a tu ser querido, a mi me lo recuerda mucho la canción de Juan Luis Guerra “Pasar el Niagara en Bicicleta”
Un saludo y que todo vaya muy bien
Mayo 9, 2008 en 12:25 pm
Joer, me abruma la comparación. Lo de Juan Luís Guerra sería más parecido a la sensación que debió pasar Pitusa que a la mía… impotencia total,sólo queda ofrecer todo el cariño que uno sepa dar y esperar… Pongo la letra de la canción de Guerra.
Me dio una sirimba un domingo en la mañana
cuando menos lo pensaba
caí redondo, como una guanábana, sobre la alcantarilla
será la presión o me ha subido la bilirrubina
Y me entró la calentura
y me fui poniendo blanco como bola (d)e naftalina
me llevaron a un hospital de gente (supuestamente)
en la emergencia, el recepcionista escuchaba la lotería
(¡treinta mil pesos!)
¡alguien se apiade de mi!
grité perdiendo el sentido
y una enfermera se acercó a mi oreja y me dijo:
“tranquilo, bobby, tranquilo”
Me acarició con sus manos de ben gay y me dijo:
“¿qué le pasa, atleta?”
y le conté con lujo de detalles lo que me había sucedido
Hay que chequearte la presión
pero la sala está ocupada y, mi querido
en este hospital no hay luz para un electrocardiograma
Abrí los ojos como luna llena y me agarré la cabeza
porque es muy duro
pasar el niágara en bicicleta
No me digan que los médicos se fueron
no me digan que no tienen anestesia
no me digan que el alcohol se lo bebieron
y que el hilo de coser
fue bordado en un mantel
No me digan que las pinzas se perdieron
que el estetoscopio está de fiesta
que los rayos x se fundieron
y que el suero ya se usó
para endulzar el café
Me apoyé de sus hombros como un cojo a su muleta
y le dije: “¿qué hago, princesa?”
y en un papel de receta me escribió muy dulcemente:
(mi princesa, ¿qué va a ser de mí?, uh…
“lo siento, atleta”
Me acarició con sus manos de ben gay y siguió su destino
y oí claramente cuando dijo a otro paciente:
“tranquilo, bobby, tranquilo”
Bajé los ojos a media asta y me agarré la cabeza
porque es muy duro
pasar el niágara en bicicleta
No me digan que los médicos se fueron
no me digan que no tienen anestesia
no me digan que el alcohol se lo bebieron
y que el hilo de coser
fue bordado en un mantel
No me digan que las pinzas se perdieron
que el estetoscopio está de fiesta
que los rayos x se fundieron
y que el suero ya se uso
para endulzar el café
[improv.]
No me digan que me va cayendo
de tanto dolor
no me digan que las aspirinas
cambian de color
No me digan que me van pariendo
que le falta amor
no me digan que le está latiendo, oh no…
daaaaaaamn