Con la verdad por delante

Pedro está solo y aburrido en su casa, el reloj marca las 5 de la tarde. Su mujer salió de compras y no volverá hasta las 7 más o menos.
– Voy a llamar a Juan, se dice…
Mientras marca el número, sonríe y piensa en lo interesante que puede ser la charla con su buen amigo, ya que,  por ser éste incapaz de mentir podrá enterarse de lo que se cuenta por ahí con la absoluta seguridad de que no son chismorreos…
Suena el teléfono móvil, Juan mira en la pantalla quién le llama,  tres tonos después contesta…
– Dime Pedro, qué ocurre…
– Nada, nada… Sólo te llamo para saber cómo te va…
– Ah, pues me va muy bien, gracias Pedro.
– Me alegro… Qué estás haciendo ahora?
– Hablar contigo por teléfono.
– Ya Juan, jaja… como eres… me refiero a si estás en el jardín o leyendo… ya sabes…
– Ah… Pues estoy en la cama
– ¿Solo?
– Sí, solo.
– Vaya, yo también estoy solo, qué te parece si vamos a tomar un café a la Ramalleira y charlamos cara a cara… jeje.
– No puedo, tengo visita…
– Pero no has dicho que estabas solo…
– Sí, en la cama… pero está otra persona en casa…
– Quién?
– Virginia, tu mujer.
– Mi mujer… pero… si salió a hacer unas compras.
– Pues no debió de ir, porque está aquí… en mi casa.
– Puedes pasarle el teléfono un momento…
– Ahora mismo es imposible, se está duchando.
– Cómo que duchándose… qué ocurrió para que tenga que ducharse ahora
– Hicimos el amor y dijo que se iba a duchar… lo cual me parece muy higiénico por su parte…
– ¡Cómo que hicimos el amor!  ¡Con quién hizo el amor!
– Conmigo, te lo acabo de decir.
– Juan… ¡Déjate de tonterías y dile a Virginia que se ponga inmediatamente!
– Te he dicho que no puede… que está en el baño.
– ¡Me cago en todo… !Voy ahora mismo para tu casa… ¡me cago en …!
Juan comprueba que perdió la señal y sigue en su cama sin inmutarse. En ese momento sale Virginia del baño.
– Uf, que bien me sentó la ducha…
– Me alegro Virginia
– Y ahora, si no te importa, me visto rápidamente y me voy para casa, Pedro está solo y me da pena…
– Ya lo sé, hace un momento me llamó y me lo dijo.
– Cómo… Cómo que te llamó Pedro…
-Sí, hace un rato… quería que fuese con él a tomar un café…
– Y tú qué le has dicho.
– Que no podía, no me pareció conveniente dejarte sola.
– Gracias, pero no le dirías nada más… que te conozco muy bien y sé que eres incapaz de mentir, aunque sea para salvarte de la pena de muerte.
– Es cierto, nunca miento, todo el mundo lo sabe.
– ¡Juuuaaan! No le habrás dicho que yo estaba aquí…
– Si, se lo dije porque me preguntó quién era la persona que estaba en mi casa.
– Pero no le dirías lo otro, ya me entiendes…
– No te entiendo ¿ Qué es lo otro?
– ¡JUUUUUUUUUUUUAAAAAAAAAAAAN! ¿NO LE HABRÁS DICHO QUE HICIMOS EL AMOR?
– Ah, sí, se lo dije.
– ¡¡La madre que te parió!! Me marcho inmediatamente.
– Te acompaño hasta la puerta…
– ¡NI SE TE OCURRA! ¡ADIÓS! ¡IMBÉCIL!
– Como quieras… Adiós Virginia….

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