No ofenda, Sr. Munilla

Y no lo digo porque me sienta ofendido por sus palabras, a mí lo que usted diga me la “funga” desde hace mucho tiempo. No sé qué pensará, el Dios del que teóricamente es usted voz en la tierra, sobre sus declaraciones pero, supongo, que el pobre estará buscando un sitio donde esconder su vergüenza ajena. Usted se ha parado, tan sólo un segundo, a meditar lo que ha dicho, yo creo que no. Es momento de estar con los que sufren, ayudando economicamente, rezando, en silencio o “desahogando” en hebreo o en arameo…  Deje sus intereses político-espirituales para otro día ¡Rece, hombre de Dios, por los que sufren! Porque haya o no haya Dios es lo que toca ¡Orar y Laborar!