La capa y el tricornio

Os voy a contar una anécdota que me narraron estos días que estuve buscando información sobre “Transportes Valdoviño”. Resulta que uno de los autobuses de esta empresa allá por los años 50 era quien transportaba a los jóvenes de la zona a la “Sala Maravilla” de Vilaboa. El dueño, temeroso de las habituales “riñas” que se producían entre los jóvenes, (riñas donde no era raro que apareciesen navajas) llegó a un acuerdo con la Guardia Civil de Valdoviño para que éstos, en el caso de que el servicio no contemplase aquel día la presencia de la pareja en el baile, le prestara una capa y un tricornio. El encargado de llevar las prendas era un cobrador del bus que hacía el transporte. Al llegar a la sala de fiestas lo primero que hacía era, acompañado por el dueño del salón, colgarlas  en un lugar cercano al palco donde actuaban los músicos, de tal manera que todo el que entrara viera los “señuelos” colocados por el propietario. La verde capa y el negro tricornio disuadían de sus intenciones a más de uno de aquellos mozos que lo que buscaban no era precisamente bailar, sino bailarle un pasodoble en la cara al primero que mirase de forma aviesa. Me cuenta mi informante que la artimaña daba resultado. Cuando alguno de los chavales ya ni se acordaba de la presencia del tricornio, siempre había alguien que le recordaba que la pareja de la Guardia Civil estaba cenando en el comedor. Esto hacía que el que tenía ganas de dar unos “recados” al primero que se acercase por banda, se lo pensara un poco… A veces eran más fuertes las pasiones encontradas que el temor a la benmérita y se armaba un cristo impresionante al ver los presentes que había pelea y la Guardia Civil no salía del comedor donde debería estar, según había pregonado  el propietario de la sala. Supongo que la estrategia duraría poco tiempo porque los afectados terminarían dándose cuenta del truco.