Me estoy haciendo viejo

Después de escribir la entrada anterior no dejé de darle vueltas a lo escrito. Me asustó el tono moderado que utilicé en su redacción y no otro más acorde con el famoso gesto del señor Aznar. Debe de ser cosa de la edad aunque, pensándolo bien, no está mal que me vaya moderando. Tengo un nieto que crece a una velocidad vertiginosa y no quiero que piense que su abuelo español es como el señor Aznar.

La peineta

No voy a defender de ninguna de las maneras la utilización de gestos más o menos ofensivos dirigidos hacia una o unas personas que, por lo que sea, te puedan resultar un fastidio. Pero una cosa es que ese gesto lo haga un común de los mortales, como yo, por ejemplo…  Y otra muy distinta  es que lo realice, nada más y nada menos, que un ex presidente del gobierno de España.  Que yo levante el dedo  corazón con intención de mandar a alguien a freír puñetas, no deja de ser un ademán descortés e incluso patético (lo digo por mi edad), sin más transcendencia.  Pero, que ese gesto de desconsideración lo ejecute quien, en su día, fue elegido por los ciudadanos para dirigir los destinos de su país y para ser la imagen que los representara, es intolerable.  Ese es un lujo reservado a nosotros, los comunes. El señor Aznar, como ex presidente debería de mantener una compostura intachable… Aunque por su forma de ser le resulte difícil.