Cosas de los hijos

Si ayer la “tormenta perfecta” se comportó por nuestra zona de una manera civilizada sin causar mayores problemas que un apagón de una hora, hoy, que ya casi ni me acordaba del “Xynthia”, éste decidió acongojarme provocando la muerte de cerca de 50 personas en la vecina Francia, donde vive mi hijo. Y el hombre, seguramente ocupado, no cogía el teléfono ni pá dios, con nuestra consiguiente preocupación. Cuando finalmente descuelga el artilugio, no se le ocurre otra cosa que preguntar qué tal estamos. Cómo que qué tal estamos, será qué tal estás tú, digo. ¿Por qué?  responde  con toda la tranquilidad del mundo. Porque, si no estoy mal informado, el temporal causó no sé cuántas muertes… sólo por eso ¡hombre! Ah! Es por eso… nada, todo bien, aquí no hubo ningún problema, todo bien… como siempre. Pues vale, hijo.

¡La madre que lo…!

Por cierto, mi solidaridad con el pueblo chileno.

P.D.

Con el chileno y con todos los que sufren malas horas, evidentemente.