Julius

Estaba yo adosado a la pared de uno de los supermercados de la Villa acompañando a mi perra, mientras mi santa esposa realizaba las compras necesarias para mantener la máquina en funcionamiento, cuando un par de personas inician un diálogo al respecto del chaval alemán que estaba sentado a unos veinte metros de donde me encontraba. El diálogo a dos pasó a ser a cuatro al entrar en juego una dama que pedía limosna en la puerta del “super” y un caballero que pasaba por allí. Del grupo, la que llevaba la voz cantante era la señora que demandaba una ayuda en metálico o en especies según rezaba, con buena letra, el cartel colocado delante de sus pies y que fue la que me hizo entrar en la discusión al decir que no se explicaba cómo la policía no lo retiraba de la calle o hacía algo con él…
– Hacer qué, señora ¿Matarlo? -le dije-
– ¡No! Pero podrían internarlo en algún centro.
– Y por qué tendrían que internarlo, señora. ¿Está enfermo, molesta al personal, roba…?
En éstas estamos cuando otra dama, ya de cierta edad, interviene para aportar otro punto de vista
– Dios mío, pero es que huele muy mal y hasta bebe sus orines… eso no puede ser bueno, podría morirse -con tristeza no fingida- ¡ay! que pena dios mío.
– Si, señora, es triste. No me gustaría ver así a un hijo mío, pero…
Para tranquilizar su sincera preocupación y darle un tono menos dramático al asunto, quizás erróneamente, le comenté que por beber sus orines no se iba a morir y que eso ya lo hacían nuestros antepasados no tan lejanos y aquí estábamos nosotros, sin mayor problema (la señora, con cierta cara de incredulidad, asoma una sonrisa). En lo del olor, es verdad, no hay dios que aguante mucho tiempo a su lado. Desde que nos dio por la higiene y, sobre todo, por la perfumería, somos muy sensibles a los olores primitivos señora
– ¡Ay dios, que cosas dice! Jajaja
Fue entonces cuando intervino el caballero que pasaba y se quedó enganchado a la charla para decirnos que ya en las dependencias de la Guardia Civil le habían dicho a varias personas que fueron a pedir una solución (?) para Julius que no había nada que hacer, que el joven tenía todo el derecho del mundo a vivir de esa manera (siempre y cuando no pida el voto en jornada de reflexión, añado yo), salvo que un juez ordene lo contrario, Julius está ejerciendo el derecho de vivir de esa manera… nos guste o no.
Hagamos pues lo que hace él… vive y deja vivir.
P.D.
Lo que ignoro es si se le podría convencer, procurando no ser ofensivo, de que no debería entrar así en el supermercado. ¡Joder, que complicado!

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