Ayuda divina para salir de la crisis

Por: Pitusa Caruncho

Vaya por delante mi absoluto respeto a todas las creencias religiosas y a las personas que las practican pero, del Gobierno de la Nación espero algo más que proclamas afirmando que tal o cual virgen nos va a sacar de la crisis.

Porque la ciudadanía -los gobernantes no- está viviendo una crisis sin precedentes, merced a la cual se le está pidiendo todo tipo de sacrificios, tanto en el ámbito económico como en el social. De hecho, una de las primeras medidas que adoptó el ejecutivo de Rajoy fue una reforma laboral que, de un plumazo y sin consensuar con nadie, anuló todos y cada uno de los derechos que, hasta ese momento, amparaban a los trabajadores.

Después vinieron otras medidas como la subida del IRPF, recortes en Sanidad y en Educación, por citar sólo algunas y quizá, la decisión estrella del gobierno que preside Mariano Rajoy, haya sido una amnistía fiscal que permitirá de una forma anónima y pagando sólo un 10%, el blanqueo de capitales sin explicar su procedencia. Da igual, si el dinero que se declare ha sido obtenido mediante el narcotráfico o la trata de blancas. Les da igual, aunque creo que estas actividades están penadas por la ley y, por supuesto, son pecado.

Pues bien, con estos antecedentes es intolerable tener que escuchar a la ministra de empleo, Fátima Báñez, afirmar que la virgen del Rocío nos está echando un capote para salir de la crisis, o que el alcalde de Sevilla Juan Ignacio Zoido diga que los sevillanos confían mucho en el cristo para salir adelante.

Señores políticos, ustedes han sido elegidos para gestionar los recursos públicos de la manera más ventajosa posible para los contribuyentes y para el país, no para insuflar proclamas de carácter religioso. Si ustedes confían la resolución de los problemas a la voluntad divina, pienso que deberían de abandonar la política y dedicarse a predicar sus consignas en otros foros más adecuados.

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Industria esencial

Por: Carlos Agulló

La Voz de Galicia, 08 de junio de 2012

Si cada uno hace su trabajo, las cosas no irán a peor. El caso es que cada cual sepa la tarea que le corresponde. Desde luego, los trabajadores del naval saben que les toca defender sus puestos de trabajo con todos los medios que la ley y el sentido común ponen a su alcance. Lo mismo que la ciudadanía sabe que ha de volver a salir a la calle el domingo para demandar la atención que merece la supervivencia de una parte de Galicia. Y para algo aún más importante: para que todo el país comprenda la dimensión que tiene un sector estratégico que está a punto de recibir el golpe de gracia.

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