A vueltas con el matrimonio gay

Por Pitusa Caruncho

Sospecho que hay algunos colectivos en este país que tienen poco o nada que hacer, sino no se entiende que se enreden en discutir si la decisión del Tribunal Constitucional que valida definitivamente lo matrimonios entre personas del mismo sexo, es o no oportuna. Y uno de estos colectivos es la iglesia, o más concretamente los jerarcas, quienes califican como “gravemente injusta” la decisión del alto tribunal porque, según su criterio, “no reconoce ni protege la realidad del matrimonio en su especifidad.

Yo me pregunto en qué medida y por qué causas un matrimonio “como dios manda” se va a ver alterado porque el derecho que asiste los heterosexuales se aplique también a los homosexuales. Supongo que sus críticas se refieren a creencias religiosas pero convendría que recordaran que la validez o no de un matrimonio la marcan las leyes, por lo tanto el único contrato válido a efectos jurídicos es el que ambos cónyuges, sean del sexo que sean, firman en los juzgados. El matrimonio religioso, señores obispos, es otra cosa que afecta única y exclusivamente a los creyentes pero que carece de legitimidad alguna como lo demuestra que siempre tenga que ir acompañado de una unión civil, porque sino no es nada.

La Conferencia Episcopal se refiere también a los derechos de los niños a disfrutar de un padre y una madre “en una familia estable”, dicen. Y aquí habría mucho que discutir, porque qué se entiende por una familia estable, aquella en la que el marido trae el dinero a casa y por lo tanto es el “jefe” con todo lo que eso conlleva, o una en la que el cabeza de familia maltrata a la mujer o a los hijos, o a ambos, por citar solo algunos ejemplos. O una familia es aquel hogar en el que se respira amor, responsabilidad y unión entre sus miembros, al margen del sexo. Me quedo con la segunda, prefiero unos niños criados por dos hombres o dos mujeres a los que se les ofrece cariño y protección a otros que han de padecer las iras de uno de los miembros de la pareja -eso si hombre y mujer-. Una familia, señores de la iglesia, es aquella en la que te sientes protegido y querido, ya sea con una pareja homosexual, heterosexual, o sólo con un padre o una madre.

De las declaraciones del ministro del Interior, Jorge Fernández, quien sostiene que diga lo que diga el Constitucional el matrimonio tiene que ser entre un hombre y una mujer, mejor ni hablamos, porque un señor que ocupa un cargo en el Gobierno y cuestiona la Ley de Leyes, debería dejar su puesto de inmediato.

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