Mientras hacía los mandados

Por Fermín Goiriz Díaz (Transeúnte)

Le iba dando vueltas a la cabeza por la calles de Ferrol pensando en dónde podría encontrar lo que mi santa esposa me había encargado,  sin necesidad de agarrar el coche, autobús o  taxi para desplazarme hasta el polígono donde los amos han decidido concentrar la venta de las mercancías que ellos quieren que compremos. Callejeé las rectas rúas de mi ciudad para ver si en algunos de los negocios que conocía de toda la vida podría comprar lo que buscaba y sí, los encontré… cerrados.

Toda la calle Real, la Magdalena, la del Sol, la otra y la otra eran un inmenso escaparate de “Se Alquila”, “Se Vende”, “Se Traspasa”, pegados en las cristaleras otrora llenas de mercancías  o simplemente un escaparate vacío de contenido sin cartel alguno, como una metáfora de  rendición definitiva, (al igual que muchos de los que fueron sus clientes), al nuevo orden establecido por la dictadura financiera que domina el cotarro con la complicidad de unos directores de sucursal bancaria con nombres rimbombantes como (dependiendo del país) “Presidente del Gobierno” “Ministro de…” y que en realidad son unos capos de tercera fila que obedecen a sus amos pero, eso sí, como buenos sicarios ¡despiadados!  Éstos, a los que se les llena la boca cuando hablan del bien común, del servicio público, de la Patria… y del coño de la Bernarda sin cambiar el gesto emocional que requeriría el discurso según el tema, son los que legislan, incluso pasándose por el forro… la tan glorificada “Constitución” (les importa un huevo la Constitución), para mayor gloria de los amos a los que ellos mismos les vendieron todas y cada una de las empresas que eran nuestras por dos reales y un céntimo. Ya no tienen control sobre ninguna empresa del Estado y, de quedar alguna, no duden de que estarán trabajando esmeradamente para limpiar las impurezas no rentables y ponerlas en manos de sus amos para mayor gloria del capitalismo salvaje que les ha convertido en meros recaudadores de impuestos con los que se pagan sus viajes de Estado Aconfesional para rendir pleitesía  al papa que vive en Roma y en jefes de la policía encargada de que la plebe no se les revolucione, eso es en lo que se convirtieron nuestros electos líderes.

No se preocupen ustedes de que tengan algún reparo en que millones de trabajadores estén en el paro, el capital los necesitará algún día. Mientras tanto, si los parados las pasan putas para comer por lo menos una vez al día o necesitan cuidados médicos que se vayan apañando cómo puedan y si quieren estudiar que vean la tele que es muy educativa pero que no molesten. Ellos no están ahí para atender a esas memeces, que se ocupe la iglesia, por ejemplo, a la que le encanta hacer caridad mientras nos solicita encarecidamente resignación ¡benditos ellos!

Y, mientras le daba a las neuronas, volví para casa sin hacer los mandados.

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