Despidiendo el 2020

No podía terminar el 2020 sin dejar cuenta escrita de mis andanzas en este año singular en el que un bichito de aspecto desagradable, para mis cánones de belleza, estuvo a punto de terminar con la que algunos consideran la Especie Superior de las que pululan por el planeta Tierra. Sí, esa misma, la que considera al resto de los seres vivos “cosillas inferiores” de las que podemos aprovecharnos para, por ejemplo, admirar el arte del maestro Ortega Cano mientras pasea por el albero con un pantalón ceñido para marcar bien los huevos… no vaya a ser que alguien ponga en duda la “virilidad” del matarife.
Después de las clásicas andanadas verbales de la señora Ayuso, de que si fueron los chinos, los catalanes o el gobierno socialcomunista los que fabricaron el coronavirus o, dependiendo del día, insinuar que fue cosa de una conspiración masónica catalana socialcomunista troskista leninista.
Los demás jugadores, tanto de derechas como de izquierdas, mantuvieron una compostura más o menos sensata, afortunadamente, salvo excepciones que ni me molesto en mencionar. Pero bueno, como todos sabemos a la señora lo que le importa es enmerdar el terreno de juego político hasta dejarlo impracticable. Que los madrileños y el resto de los españoles estuviesen llenando las UCI hospitalarias hasta límites insoportables para su correcta atención por parte del, a veces, insuficientemente reconocido personal sanitario.
Parece ser que estamos en vías de controlar la pandemia durante el año 2021 con las vacunas que comenzaron a suministrarse en todos los países del mundo procedentes de diversos laboratorios de uno y otro continente.
Al final, lo que se presumía como el definitivo adiós de los chicos de la película (nosotros), gracias a los científicos parece que, al menos, obtendremos la renovación del carné vital para una temporada más y así ¡por fin! pasado el susto, volver a vitorear al Sr. Messi a la salida del juzgado por deudas a la Hacienda del Estado y poder admirar al “Bribón” en el campo de regatas de Sanxenxo.
Y no puedo rematar sin dedicar unas palabras para el pueblo, el único que se comportó de una manera ejemplar de verdad, el que aceptó todas las normas sin rechistar, sufrió y todavía sufre en carne propia los peores problemas económicos y sanitarios del último siglo. Nos lo merecemos!