Deseo

En estos momentos de zozobra me gustaría poder camuflarme como oyente en la clase de Retórica de don Juan de Mairena*. Y, allí, abstraerme del mundo real o irreal (vaya usted a saber), que me tocó vivir. Y dedicar el tiempo a intentar lograr ser librepensador… Quizás algún día, al igual que aquella única vez que don Juan se dirigió a “Joaquín García”, éste se dirija a mí…

-Usted… (Al igual que con el otro oyente, Mairena tampoco logró recordar mi nombre).

-Fermín Goiriz, oyente

-Ah, usted perdone

-De nada

…continúe usted, señor Goiriz, cultivando esa especialidad.

Pero los deseos no dejan de ser lo que son y me temo que tendré que seguir soportando los ensordecedores gritos que, a modo de sentimiento o, mejor de pensamiento esclavo,  utilizan algunos. Gritos que  me tienen agotado.

*Heterónimo de don Antonio Machado Ruiz

La medida del tiempo

El instante

¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño

de espadas que los tártaros soñaron,

dónde los fuertes muros que allanaron,

dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?

El presente está solo.  La memoria

erige el tiempo. Sucesión y engaño

es la rutina del reloj. El año

no es menos vano que la vana historia.

Entre el alba y la noche hay un abismo

de agonías, de luces, de cuidados;

el rostro que se mira en los gastados espejos

de la noche no es el mismo.

El hoy fugaz es tenue y es eterno;

otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.

(Jorge Luis Borges)

Con Torrente en el Café Novelty

Después de dejar los bártulos en la habitación del hotel situado en la calle Azafranal nos fuimos directos hacia la Plaza Mayor de la ciudad. La verdad es que no teníamos necesidad de apurar la visita, íbamos a estar un par de días más en Salamanca y, además, la plaza en sí no era lo primordial en nuestra estancia. Al entrar en la plaza sin apenas prestarle gran atención a la cosa nos dirigimos directamente al “Café Novelty”. Queríamos comprobar que don Gonzalo Torrente Ballester seguía ocupando su sitio en la mesa de hierro y mármol de la entrada al café. Y allí estaba, con las piernas cruzadas, sus manos asiendo el bastón y emitiendo un suave silbido mientras observaba sin mirar a la gente que paseaba por la plaza o entraba y salía del Novelty. Como cualquier otro turista no resistí la tentación de inmortalizar la figura en bronce del profesor nacido en Serantes. Del escritor universal, don Gonzalo Torrente Ballester…

La desmemoria

El Consejo del Poder Judicial suspende al Juez de la Audiencia Nacional don Baltasar Garzón

La Desmemoria/2

El miedo seca la boca, moja las manos y mutila. El miedo de saber nos condena a la ignorancia; el miedo de hacer nos reduce a la impotencia. La dictadura militar, miedo de escuchar, miedo de decir, nos convirtió en sordomudos. Ahora la democracia, que tiene miedo de recordar, nos enferma de amnesia; pero no se necesita ser Sigmund Freud para saber que no hay alfombra que pueda ocultar la basura de la memoria.

Eduardo Galeano

(El libro de los abrazos – siglo veintiuno de españa editores, s.a.)

“La voluptuosidad del ayuno”, ejemplo para poetas, periodistas y otros…

Escribía don Antonio Machado en su prólogo a “La Corte de los milagros” de don Ramón María del Valle-Inclán:

“…El capitán fracasado, no por su culpa, que llevaba consigo proyectó acaso sobre toda su vida una cierta luz de heroísmo y abnegación militar, contribuyó en mucho a aquel sentido de consagración a su arte como tarea ardua y espinosa que le distinguirá siempre de sus coetáneos, por su capacidad de renunciación ante todas las comodidades del oficio y por su inflexible lealtad a sus deberes de escritor. Como alguien nos refiriese el caso de un poeta que, abandonando las faenas de su vocación, ponía su pluma al servicio de intereses bastardos, y se tratase de hallarle disculpa en la necesidad apremiante de ganarse el pan, don Ramón exclamó: “Es un pobre diablo que no conoce la voluptuosidad del ayuno.”  ¡La voluptuosidad del ayuno! Reparad en esta magnífica frase de don Ramón y decidme qué otra ironía hubiera proferido el capitán a quien se intima la rendición por hambre de la fortaleza que, en trance desesperado, defiende. ¡La voluptuosidad del ayuno” Nuestro gran don Ramón la conoció muchas veces, aunque nunca se jactó de ello. Porque Valle-Inclán, consagrado en los comienzos de su carrera  literaria a una labor de formación y aprendizaje constante y profunda, a la creación  de una nueva forma de expresión, a la total ruptura con el lugar común, a lo que él llamaba la unión de “las palabras por primera vez”, tuvo que renunciar para ello a todas las ventajas materiales que se ofrecían  entonces a las plumas  mercenarias, a las plumas que se alquilan hechas para el servicio de causas tanto más lucrativas cuanto menos recomendables.”