¡Feliz San Valentín, corazones!

Fermín Goiriz Díaz (Transeúnte)
Gracias a unos señores y señoras que dominan un mundo que para mí es un verdadero misterio y no como otros que yo me sé, puedo, con una sola carta, llegar a millones de enamoradas de mi cuerpo y mente. Me estoy refiriendo a los matemáticos, esa especie extraña sin la cual difícilmente podría hacer lo que estoy haciendo… mi admiración hacia ellos y, también, mi envidia más cochina porque, a pesar de mi genialidad, nunca logré que los números, fórmulas y otras cosillas me hicieran cosquillas ¡lástima!, podría ser un dios, pero uno bueno ¡eh!. No uno de esos que se regodean del sufrimiento o te incitan a matar a tu propio hijo para probar tu fe ¡Ni de coña! Yo sería un dios que incitaría única y exclusivamente a amar una y otra vez hasta dejar la máquina de “Control” fuera de servicio.
Como no podía ser de otra forma este año también quiero enviaros mi “valentines” a todas vosotras en prueba de mi inquebrantable amor, cosa que hago porque no quiero, ¡bajo ningún concepto!, que dudéis de que me haya desenamorado de vosotras… no podría, imposible, sólo la muerte logrará tal cosa aunque me desconsuela el saber que estaréis ahí, llorando sobre mi tumba vuestro desconsuelo. Pero como no me gusta esa posibilidad os ruego que procuréis dejarme a mí en último lugar para desaparecer del mapa… os estaría muy agradecido. Más que nada porque no quiero que sufráis… ¡Feliz San Valentín, corazones!

La lavadora

Hace dos días recibí una descarga eléctrica intentando arreglar la lavadora, que me puso los pelos de la cabeza como si fuese un “punki”.  Aparte del detalle estético, la cosa no causó, a simple vista, ningún otro desperfecto en mi hermoso cuerpo ni en mi privilegiado cerebro. A pesar de mi empeño y del calambrazo recibido, fui incapaz de solucionar la avería del robot lavador. Esta circunstancia me causó un pequeño disgusto y caí abatido ante la, hasta hacía un ratito,  admirada y orgullosa esposa. Ésta, animosa, le quitó importancia y me dijo que no le diera más vueltas al asunto… que se compraba otra… Al oír eso, no se me ocurrió nada mejor que darle la razón y añadir: “Perfecto, así, como dentro de unos día es San Valentín, te regalo una lavadora… ¡La virgen! Recibí una arenga de mi amada que dejaba  el auto dictado por el magistrado del Tribunal Supremo Luciano Varela por presunto delito de prevaricación al juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón,  en una misiva amorosa. Ayer nos instalaron la nueva máquina… al lado de la vieja, que, curiosamente, funciona como  el  primer día después de que los técnicos  conectaran debidamente un cable… Y  ahora qué le regalo yo a mi circunstancia primigenia.