Un informe oficial desvela que Feijóo ocultó 400 millones de déficit en 2010

José Precedo / María Fernández – (El País)
“En aquella anualidad —y en las posteriores— Feijóo siempre presumió de que la Xunta bajo su mandato entró en el selecto y reducido grupo de comunidades que hicieron los deberes cumpliendo el objetivo de déficit. El techo marcado por el Gobierno central, del 2,4%, no se llegó a rozar en Galicia por tres centésimas (2,37%), y la autonomía resultó la quinta que mejor cumplió con el rigor presupuestario. Semejante aval sirvió al presidente gallego para sacar pecho e inaugurar el mantra que le ha acompañado hasta el fin de la legislatura. La Xunta “ hace más con menos” y Galicia es “una comunidad solvente”.”
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Galicia quiere cambiar y no puede

 

La desarticulación de la oposición constituye la mayor baza de Feijóo para salvarse de la quema | El esfuerzo de Feijóo por desmarcarse supone una crítica implícita al Gobierno | Si Feijóo gana, puede saltar después a Madrid; si no, habrá una alianza múltiple

Por Anxo Lugilde
Santiago de Compostela

Ni sí, ni no, ni todo lo contrario. Esta clásica máxima gallega que aplica Mariano Rajoy para responder a la pregunta del rescate de España y que tanto desconcierta fuera de Galicia también sirve para describir el escenario preelectoral. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), una mayoría de gallegos, el 49%, quiere la alternancia en la Xunta, un porcentaje similar al del 50% que había en el 2009, cuando el PP desbancó a la coalición de PSOE y BNG. Sin embargo, la encuesta del CIS también muestra que el PP mantendría su mayoría absoluta, por un escaño. Galicia quiere un cambio en la Xunta pero no halla la forma de ponerlo en práctica.

La clave de las novenas elecciones gallegas reside en saber si pesa más el desgaste del PP en los gobiernos de Madrid y Santiago o la desarticulación de la oposición. La división del PSdeG-PSOE agranda su larga trayectoria de canibalismo interno, como mostró la semana que acaban de tardar los socialistas en designar a su nuevo candidato a la alcaldía de Ourense, por el pulso entre los partidarios del líder y candidato a la presidencia de la Xunta, Pachi Vázquez, y el sector crítico, mayoritario en las ciudades.

Por primera vez desde 1997, el débil nacionalismo gallego no concurre unido dentro del BNG, del que han salido un grupo más centrista, que se presenta como Compromiso por Galicia, y el histórico Xosé Manuel Beiras y sus fieles, que se coaligaron con Esquerda Unida, la versión gallega de Izquierda Unida. Esta alianza, denominada Alternativa Galega de Esquerda, puede obtener diputados, según todas los sondeos.

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Elecciones gallegas: Todo está en el aire

por Suso De Toro

Debería darnos que pensar el que se recuerde tan poco que la democracia en España se fundó en dos pactos, uno entre franquistas y antifranquistas por un lado y, tras, el regreso del exilio del Honorable Tarradellas y del lehendakari Leizaola, otro pacto con Cataluña y País Vasco para que conviviesen en un marco español. Eso se desdibujó de un modo consciente tras el 23-F impulsando 17 improvisadas autonomías, muchas sin que nadie las pidiese. En las próximas elecciones autonómicas País Vasco y Cataluña con seguridad van a remarcar su carácter de naciones, el caso de Galicia, la otra nacionalidad histórica, es distinto y, quizá, contrario.

La reivindicación nacional gallega comienza a raíz de la centralización del Estado a mediados del XIX, nace de una minoría de ilustrados y artistas como el magnífico Antolín Faraldo, un revolucionario liberal, y aunque en el siglo XX consiguió trascender del mundo de los intelectuales a sectores sociales populares, excepto el breve periodo republicano, no consiguió liderar el país. Galicia plebiscitó su autogobierno en el 36 pero el franquismo fue aquí muy duro, al morir Franco el sueño republicano y galleguista que había costado tanta sangre estaba olvidado en una sociedad debilitada primero por el exilio y luego por la posterior emigración masiva a América y Europa. El Gobierno gallego en el exilio, en Buenos Aires al otro lado del océano, sin conexión con el interior se extinguió en los años cincuenta y ya no retornó; es indicativo de la debilidad histórica de Galicia cuando recupera la autonomía. Y así fue administrada por una derecha que en una primera época gobernaba con tanto nepotismo como paternalismo, que luego con Fraga se mostró más autoritaria y que ahora se hizo tan cínica como sumisa a la sede madrileña del PP.

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