Un año y un día después…

Por: Fermín Goiriz Díaz
Hoy, sin saber el porqué, lo primero que hice al sentarme delante del ordenador fue visitar a mi ya casi olvidado blog personal. Quedé sorprendido al ver que el último post que publiqué tiene fecha de ayer, pero de hace un año.
Durante unos segundos, que me parecieron minutos, me quedé bloqueado cual Windows y, como veterano que soy en esto de los bloqueos varios, apagué y volví a encender mi equipo. Unos segundos después mi disco duro personal e intransferible (de momento creo que lo es, pero todo se andará), comenzó a trabajar tomando la decisión de abrir el OpenOffice Writer y ponerse a escribir lo que ustedes están leyendo y que espero no les indigeste lo que resta del día.
Durante este año la cosa internacional está más o menos como siempre y los que se mueren de hambre también son los de siempre. Las guerras mundiales se juegan en campos de batalla “neutrales” para que parezca que la cosa no va con los verdaderos contendientes principales del cotarro y así, también, les ahorran un disgusto a sus súbditos al ver caer los misiles y demás artillería en sus propias casas. Mucho mejor verla por la televisión, dónde va a parar?
Los británicos decidieron en referéndum que se van de la Europa política creando algún roce que otro pero que la libra esterlina se encargará de solucionar sin mayores problemas. Mientras tanto, los fondos de inversión ingleses compran todo cuanto se mueve en España, excepto a los camareros, que los prefieren libres de ataduras contractuales.
En España la cosa está… perdón, de España escribiré en cuanto me llegue el níhil óbstat del Ministerio correspondiente.
Me alegro de que mi disco duro haya decidido dedicar unos minutos a este, a pesar del aparente abandono, querido blog.

Elecciones gallegas: Todo está en el aire

por Suso De Toro

Debería darnos que pensar el que se recuerde tan poco que la democracia en España se fundó en dos pactos, uno entre franquistas y antifranquistas por un lado y, tras, el regreso del exilio del Honorable Tarradellas y del lehendakari Leizaola, otro pacto con Cataluña y País Vasco para que conviviesen en un marco español. Eso se desdibujó de un modo consciente tras el 23-F impulsando 17 improvisadas autonomías, muchas sin que nadie las pidiese. En las próximas elecciones autonómicas País Vasco y Cataluña con seguridad van a remarcar su carácter de naciones, el caso de Galicia, la otra nacionalidad histórica, es distinto y, quizá, contrario.

La reivindicación nacional gallega comienza a raíz de la centralización del Estado a mediados del XIX, nace de una minoría de ilustrados y artistas como el magnífico Antolín Faraldo, un revolucionario liberal, y aunque en el siglo XX consiguió trascender del mundo de los intelectuales a sectores sociales populares, excepto el breve periodo republicano, no consiguió liderar el país. Galicia plebiscitó su autogobierno en el 36 pero el franquismo fue aquí muy duro, al morir Franco el sueño republicano y galleguista que había costado tanta sangre estaba olvidado en una sociedad debilitada primero por el exilio y luego por la posterior emigración masiva a América y Europa. El Gobierno gallego en el exilio, en Buenos Aires al otro lado del océano, sin conexión con el interior se extinguió en los años cincuenta y ya no retornó; es indicativo de la debilidad histórica de Galicia cuando recupera la autonomía. Y así fue administrada por una derecha que en una primera época gobernaba con tanto nepotismo como paternalismo, que luego con Fraga se mostró más autoritaria y que ahora se hizo tan cínica como sumisa a la sede madrileña del PP.

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