Morreu José Saramago… / Murió José Saramago…

Morreu José Saramago…

As campás calan…

os seus libros falan

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Murió José Saramago…

Las campanas callan…

sus libros hablan

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La desmemoria

El Consejo del Poder Judicial suspende al Juez de la Audiencia Nacional don Baltasar Garzón

La Desmemoria/2

El miedo seca la boca, moja las manos y mutila. El miedo de saber nos condena a la ignorancia; el miedo de hacer nos reduce a la impotencia. La dictadura militar, miedo de escuchar, miedo de decir, nos convirtió en sordomudos. Ahora la democracia, que tiene miedo de recordar, nos enferma de amnesia; pero no se necesita ser Sigmund Freud para saber que no hay alfombra que pueda ocultar la basura de la memoria.

Eduardo Galeano

(El libro de los abrazos – siglo veintiuno de españa editores, s.a.)

“La voluptuosidad del ayuno”, ejemplo para poetas, periodistas y otros…

Escribía don Antonio Machado en su prólogo a “La Corte de los milagros” de don Ramón María del Valle-Inclán:

“…El capitán fracasado, no por su culpa, que llevaba consigo proyectó acaso sobre toda su vida una cierta luz de heroísmo y abnegación militar, contribuyó en mucho a aquel sentido de consagración a su arte como tarea ardua y espinosa que le distinguirá siempre de sus coetáneos, por su capacidad de renunciación ante todas las comodidades del oficio y por su inflexible lealtad a sus deberes de escritor. Como alguien nos refiriese el caso de un poeta que, abandonando las faenas de su vocación, ponía su pluma al servicio de intereses bastardos, y se tratase de hallarle disculpa en la necesidad apremiante de ganarse el pan, don Ramón exclamó: “Es un pobre diablo que no conoce la voluptuosidad del ayuno.”  ¡La voluptuosidad del ayuno! Reparad en esta magnífica frase de don Ramón y decidme qué otra ironía hubiera proferido el capitán a quien se intima la rendición por hambre de la fortaleza que, en trance desesperado, defiende. ¡La voluptuosidad del ayuno” Nuestro gran don Ramón la conoció muchas veces, aunque nunca se jactó de ello. Porque Valle-Inclán, consagrado en los comienzos de su carrera  literaria a una labor de formación y aprendizaje constante y profunda, a la creación  de una nueva forma de expresión, a la total ruptura con el lugar común, a lo que él llamaba la unión de “las palabras por primera vez”, tuvo que renunciar para ello a todas las ventajas materiales que se ofrecían  entonces a las plumas  mercenarias, a las plumas que se alquilan hechas para el servicio de causas tanto más lucrativas cuanto menos recomendables.”