Es para matarlos

Por Arturo González  –  (Puntadas sin hiloblogs.publico.es)

Ahora resulta que si quieren pueden arreglar lo de los desahucios en dos horas. Tras la ruina y desesperación de 350.000 familias. Estos tipejos necesitan del sufrimiento ajeno para interesarse en sus problemas y angustias reales de la vida. No se les cae la cara de vergüenza, y encima se sentirán ufanos. Seguro que algún tipo de delito habrá en el amplio catálogo recogido en el Código Penal. Pero nadie los acusará de ello ni irán a los tribunales ni les remorderá la conciencia. Es mejor perseguir y legislar contra los robagallinas o asaltantes de supermercados con las bombas de destrucción masiva de los carritos con comida. Miserables políticos, ninguno responderá ni social ni penalmente.

Solo IU luchó contra tamaña vejación del desahucio, y aún está por ver que la admitan en la solución y no quieran apuntarse el tanto los dos dinosaurios solos. Igual que Obama debe su éxito al consejo de Bill Clinton para que presentara al rival Romney como representante de Wall Street, al PP y al PSOE, Rajoy y Rubalcaba, hay que catalogarlos de amigos y representantes de los bancos. Que veremos todavía si se atreven con ellos, no van a perder la sustanciosa tajada de lucrarse por dejar a la gente sin vivienda.

Si tuvieran un mínimo de dignidad deberían reunirse muchas veces dos horas para arreglar desmanes de injusticias. Todo se puede arreglar si quieren, ahora que además ya saben que, en toda la Unión Europea, solo en Letonia y Lituania hay más desigualdad social que en España. Y ninguno de los 27 países es comunista o acendrado socialista. Es cuestión de voluntad y sensibilidad.

Si quieren, en dos horas pueden erradicar el hambre en España, ese país de tristezas en el que muchos de sus habitantes guardan cola en los comedores sociales o recogen de los contenedores alimentos desechados, mientras se gasta medio millón de euros en actualizar la página web del Senado o se regalan iPads G3, o se invierten 364.000 euros en smartphones para los señores diputados y similares, facturas de consumo libre y de escándalo a añadir.

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La gran estafa: el Presupuesto de 2013

Vicenç Navarro

Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra
Estos últimos días de septiembre ocurrieron cuatro hechos que definen con toda claridad la raíz del problema al que España se enfrenta. Uno fue la presentación del presupuesto por parte del Gobierno español en el que se indica que el Estado tendrá que pagar casi 40.000 millones de euros a los acreedores (la mayoría bancos extranjeros y españoles) para cubrir lo que se les debe como consecuencia de tener que abonarles los intereses de la deuda pública española que poseen. Esta elevada cantidad se debe a los altos intereses de tal deuda, consecuencia, en gran parte, no de la especulación de los mercados financieros –como constante y erróneamente se asume en los medios donde la sabiduría convencional se reproduce– sino de la oposición del Banco Central Europeo a comprar deuda pública en los mercados primarios, es decir, directamente al Estado español, como hace cualquier Banco Central digno de su nombre (tal como el Federal Reserve Board de EEUU, el Banco de Inglaterra en Gran Bretaña o el Banco de Japón). Los máximos beneficiarios de estos pagos del Estado a los acreedores son los bancos españoles y europeos (entre los cuales sobresalen los alemanes que tienen una excesiva dimensión, influencia y protagonismo en las instituciones de la Eurozona) que recibieron prestado dinero del mismo BCE a unos intereses por debajo de un 1%, con el cual compraron deuda pública española a unos intereses del 6% y el 7%. Un negocio redondo para tales instituciones financieras, que consiguieron gracias a la ayuda del BCE, que no es un banco central sino un lobby de la banca y muy en especial de la banca alemana. A aquellos que consideren el término lobby una exageración les aconsejo que lean, no ya las actas del BCE (que son secretas) sino las publicaciones de tal institución. Y verán si dicho término es o no adecuado para definir el BCE, el mayor promotor hoy en la Eurozona de las políticas de austeridad (austeridad, por cierto, que no aplica a su propio comportamiento, pues acaba de estrenar una sede exuberante en Frankfurt que ha costado seis veces más de lo inicialmente calculado y que albergará a los funcionarios mejor pagados del establishment público europeo). En tales boletines, la defensa de los intereses de la banca es central en la percepción de lo que el BCE considera ser su función. Tal defensa se viste con el traje de que “su misión es controlar la inflación”. En esta defensa de sus intereses, irán a extremos que van desde desmantelar la Seguridad Social en España, hasta recuperar la semana laboral de seis días. Es, como bien dice Noam Chomsky, la lucha de clases unilateral de una minoría –la banca– en contra de todos los demás.
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De Mitterrand a SYRIZA: un espectro sobre Europa

Miguel Ángel Sanz Loroño
Investigador de la Universidad de Zaragoza
Como señala el historiador Eric Hobsbawm, “el ideal de la soberanía de mercado no es un complemento de la democracia liberal, sino una alternativa a este sistema. De hecho, es una alternativa a todo tipo de política”. Efectivamente, la incapacidad de la democracia liberal para cumplir sus objetivos en el marco de la economía mundial explica el éxito de la doctrina neoliberal. Debido a este sometimiento de la res publica al mercado, de lo común a lo privado, el propio régimen representativo está en proceso de ser deslegitimado. Nuestra capacidad para imaginar alternativas parece tan obstruida como cerrado se presenta el futuro. Por tanto, el mercado mundial parece haber devorado todo lo que es distinto a su funcionamiento. Lo Mismo se ha comido a lo Diferente.

Ciertamente, la última vez que la izquierda europea llegó al poder con un programa de cambio fue en 1981. Entonces, el que fuera el primer presidente socialista de la V República, François Mitterrand, dio un aldabonazo en un momento en el que la socialdemocracia entraba en una larga bancarrota imaginativa. Este último intento de defensa de lo común frente al mercado fue el acto final del socialismo europeo posterior a 1945. Sin embargo, el empeño del presidente francés se agostó pronto. Así como el desafío de los 68 se diluyó en lo que llamamos posmodernidad, los mercados doblegaron a un Mitterrand que se plegó a los dictados de la nueva economía mundial. Mientras, al otro lado del Canal de la Mancha, el moderado Neil Kinnock le ganaba la partida a Anthony Benn en el seno del Partido Laborista. La socialdemocracia, por mor de la responsabilidad, se inclinaba a las demandas del sistema mundial con la esperanza de mantener o recuperar el gobierno de la nación.
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La televisión es nuestra

Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencias Políticas

Quien controla los medios controla lo que la gente piensa porque determina aquello de lo que habla, Los medios imponen la agenda en unos sistemas democráticos que son “democracias de audiencia” y, al imponer la agenda, la encuadran de forma que también imponen un determinado punto de vista, una ideología. La ideología es el producto que venden los medios y, a través de ella, el apoyo o la crítica a los poderes en plaza.

La derecha que ha ocupado prácticamente todos los intersticios del poder desde el 20-N, conoce esta doctrina mediática y la aplica a ojos cerrados: el control de los medios debe ser absoluto, sin fisuras, como el de cualquier otro aparato del Estado, sea represivo o ideológico. Sólo de este modo, combinando sabiamente la represión con el adoctrinamiento, cabe conseguir la resignación y la conformidad de la gente con una política autoritaria, agresiva, de tajos (más que recortes) de derechos económicos y sociales y de restricción de libertades civiles. Todo ello administrado en nombre de las excepcionalidad de la crisis pero motivado en el fondo por una ideología que apenas oculta su naturaleza nacional católica y nostálgica de la dictadura y el franquismo.
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Galicia bloquea a los parados de más de un año la tarjeta sanitaria El Gobierno de Feijóo desactiva el documento sin previo aviso. Los afectados tienen que solicitar una nueva, cuyos trámites pueden tardar ocho meses

Los desempleados residentes en Galicia que llevan más de 12 meses en paro se quedan de forma automática sin tarjeta sanitaria. La voz de alarma la dio el sindicato CIG, que denunció la política de “recorte y privatización” de la sanidad pública de la Xunta (PP) al dejar desatendidos a “desempleados y personas sin recursos”. “Se les bloquea la tarjeta sin previo aviso y hasta que no reciben la que les acredita como personas sin recurso, no tienen acceso a la sanidad pública. Mientras tanto deben pagar la consulta y el tratamiento farmacológico que les prescriba el médico”, alertó María Seijo, responsable sindical de Sanidad.

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