El primer día del año 2014

Por Fermín Goiriz Díaz

El primer día del año 2014 me tiene impresionado por diversos motivos pero, de entre todos, destaca el hecho de ser un día absolutamente perdido. Nada de lo hecho hoy tiene relevancia ni me aporta lo más mínimo. Un despertar tardío acompañado de un ligero dolor de cabeza, sin duda debido al exceso de bebidas espirituosas de la noche de despedida del año de ayer. Un desayuno a base de café acompañado de un surtido de diversos dulces de Navidad que pululan desde hace casi un mes por cualquier encimera de la casa y de los que hay que dar cuenta antes de que se encarguen los diversos insectos que nunca ves pero que siempre están por ahí dispuestos a cumplir la misión que la naturaleza les encomendó. Una ducha de larga duración para limpiar toda la mugre acumulada durante un año tan lardoso, pringoso, grasiento, mugriento, puerco, guarro y lo que quieran ustedes añadir aunque más con la intención de purificación que de higiene propiamente dicha (uno es limpio desde antes de la existencia del estropajo de esparto). El paso siguiente fue el de vestirme y acto seguido salir a la calle para ver el nuevo año con mis propios ojos y observar la cara de felicidad de mis convecinos disfrutando del acontecimiento pero, después de unos minutos de paseo, no me crucé con ningún bicho humano en mis mismas circunstancia ni en ninguna otra. La cosa empezó a preocuparme hasta el extremo de temer una crisis de ansiedad. ¿Qué estaba ocurriendo?, ¿dónde se habían metido los paseantes del 2013?, ¿sería el último hombre vivo en la Tierra? Ciertamente me sentí acongojado y temí encontrarme, en cualquier momento, con Rajoy, nuestro líder, colgado por el cuello en una eslinga de una grúa de Navantia Ferrol. Fue tal el pánico que decidí regresar a mi casa a paso ligero, echar la llave, encender la TV  y esperar mientras repetían los programas del año anterior a que algún telediario me explicase lo que estaba sucediendo… son casi las 7 de la tarde y todavía siguen con los especiales del 2013. ¡Algo huele a podrido en Dinamarca! ¡Y no digamos en España!

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Elecciones gallegas: Todo está en el aire

por Suso De Toro

Debería darnos que pensar el que se recuerde tan poco que la democracia en España se fundó en dos pactos, uno entre franquistas y antifranquistas por un lado y, tras, el regreso del exilio del Honorable Tarradellas y del lehendakari Leizaola, otro pacto con Cataluña y País Vasco para que conviviesen en un marco español. Eso se desdibujó de un modo consciente tras el 23-F impulsando 17 improvisadas autonomías, muchas sin que nadie las pidiese. En las próximas elecciones autonómicas País Vasco y Cataluña con seguridad van a remarcar su carácter de naciones, el caso de Galicia, la otra nacionalidad histórica, es distinto y, quizá, contrario.

La reivindicación nacional gallega comienza a raíz de la centralización del Estado a mediados del XIX, nace de una minoría de ilustrados y artistas como el magnífico Antolín Faraldo, un revolucionario liberal, y aunque en el siglo XX consiguió trascender del mundo de los intelectuales a sectores sociales populares, excepto el breve periodo republicano, no consiguió liderar el país. Galicia plebiscitó su autogobierno en el 36 pero el franquismo fue aquí muy duro, al morir Franco el sueño republicano y galleguista que había costado tanta sangre estaba olvidado en una sociedad debilitada primero por el exilio y luego por la posterior emigración masiva a América y Europa. El Gobierno gallego en el exilio, en Buenos Aires al otro lado del océano, sin conexión con el interior se extinguió en los años cincuenta y ya no retornó; es indicativo de la debilidad histórica de Galicia cuando recupera la autonomía. Y así fue administrada por una derecha que en una primera época gobernaba con tanto nepotismo como paternalismo, que luego con Fraga se mostró más autoritaria y que ahora se hizo tan cínica como sumisa a la sede madrileña del PP.

Para leer el artículo completo ir al siguiente enlace: Zona Crítica – eldiario.es

¿Qué subyace tras la crisis económica?

Por: Pitusa Caruncho
Basándome únicamente en el sentido común, me pregunto qué subyace tras la supuesta crisis económica que estamos padeciendo y que está originando miseria y hambre para la clase trabajadora, a la vez que un considerable enriquecimiento de las clases dominantes -políticos y financieros-.

Porque no cabe pensar que los líderes europeos, con Ángela Merkel a la cabeza y Mariano Rajoy bailándole el agua, sean incapaces de comprender que cuanto más se apriete a las clases medias con bajadas de sueldos, subidas de impuestos y, consecuentemente de la carestía de la vida, se va a recuperar la economía. Eso es imposible y lo saben, si a la clase media se le recorta drásticamente, como se está haciendo, la capacidad de consumir la economía se hunde sin remedio. Quién va a comprar los coches que fabrican Alemania o Francia, por ejemplo, quién va a acudir a espectáculos culturales, quién va a salir de vacaciones, etc, etc… si los salarios no alcanzan ni para comer. Y las primeras consecuencias se están viendo ya, Alemania apenas crece y Francia se ha estancado. ¿De verdad piensan que con esta política de austeridad vamos a algún sitio? Estoy segura de que no y los dirigentes lo saben.

Por eso me gustaría que alguien me explicara por qué los políticos se empeñan en llevar a cabo unas medidas que todos sabemos que nos conducen al abismo. Algo tiene que esconderse detrás de este escarnio a los ciudadanos, que está convirtiendo a las clases medidas en auténticos siervos, sin ningún derecho y con todas las obligaciones. Es precisa una explicación coherente y creíble de lo que está ocurriendo. El tiempo de los señores feudales ha pasado ya, la población no es la misma que hace cincuenta años, está mucho más preparada y tiene un límite de aguante. Por ese motivo los dirigentes habrán de andar con mucho tiento si no quieren que la calle se revele contra ellos para exigir lo que en justicia y por derecho le pertenece y le está siendo usurpado, sin ningún recato.

Austeridad y dietas de alojamiento

Por: Pitusa Caruncho
El Gobierno que capitanea Mariano Rajoy no deja de repetir un día sí y otro también por boca de sus cargos más relevantes, Cospedal, Santamaría, Floriano, etc, etc, que es necesario llevar a cabo una política de austeridad porque sino es imposible salir de esta crisis que estamos padeciendo. Y para eso, no se les ocurre otra cosa que recortar, recortar y recortar los derechos de todos los españoles y los salarios de los funcionarios, mientras dan carta blanca a los defraudadores para blanquear su dinero oculto sin explicar de dónde procede y a los empresarios para despedir a sus trabajadores. Como dato diré que desde que se aprobó la reforma del mercado laboral los ERE se han multiplicado por cinco, dejando en el paro a miles de trabajadores. Tampoco se puede olvidar la subida de impuestos y del IVA, que vendrá a suponer una merma en los salarios de todos.
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