Queridas mías, feliz San Valentín

No, no me había olvidado de vosotras en este día tan señalado del calendario, todo lo contrario… Mi mente estuvo todo el santo día de dios pensando en cada una de vosotras. Pero, eso sí, debo de reconocer que sólo un par de minutos por cabeza, el día no me da para otorgaros más tiempo.

Os he enviado por correo un detalle personal a cada una de vosotras, espero haber acertado y que el regalo sea de vuestro agrado… Si por un casual a alguna de vós no le gusta el detallito que le envié, le ruego que se dirija a la oficina de objetos perdidos y le diga al responsable del negociado que el paraguas que había perdido era de otro color…

Pues nada chicas me despido hasta mañana que, si no recuerdo mal, me toca salir con Pitusa y que, como bien sabéis, no me soltará hasta el próximo San Valentín… pero, a pesar de este pequeño inconveniente para vuestros anhelos amorosos hacia mi persona, sabed que os llevo en el corazón izquierdo, el derecho ya está totalmente privatizado.

Ah! Se me olvidaba. Os habéis fijado a que precio está la jurela ¡Vine asustado del “Market”!

 

 

 

 

 

 

La lavadora

Hace dos días recibí una descarga eléctrica intentando arreglar la lavadora, que me puso los pelos de la cabeza como si fuese un “punki”.  Aparte del detalle estético, la cosa no causó, a simple vista, ningún otro desperfecto en mi hermoso cuerpo ni en mi privilegiado cerebro. A pesar de mi empeño y del calambrazo recibido, fui incapaz de solucionar la avería del robot lavador. Esta circunstancia me causó un pequeño disgusto y caí abatido ante la, hasta hacía un ratito,  admirada y orgullosa esposa. Ésta, animosa, le quitó importancia y me dijo que no le diera más vueltas al asunto… que se compraba otra… Al oír eso, no se me ocurrió nada mejor que darle la razón y añadir: “Perfecto, así, como dentro de unos día es San Valentín, te regalo una lavadora… ¡La virgen! Recibí una arenga de mi amada que dejaba  el auto dictado por el magistrado del Tribunal Supremo Luciano Varela por presunto delito de prevaricación al juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón,  en una misiva amorosa. Ayer nos instalaron la nueva máquina… al lado de la vieja, que, curiosamente, funciona como  el  primer día después de que los técnicos  conectaran debidamente un cable… Y  ahora qué le regalo yo a mi circunstancia primigenia.