Coche de línea Ferrol – Cobas

Os pongo otra foto de “Cazolitos” donde podemos ver a las “leiteiras” posando delante del autocar cargado con calderetas de leche en la “terraza” del bus. Terraza muy usada en verano, sobre todo por los jóvenes para viajar hasta la playa de O Vilar. Con ellas, además de otros dos que no identifico, está Pepe Suárez (de pie, con corbata) que, además de chófer, era el hijo mayor de uno de los dueños de la empresa “Ramón y Suárez” y con el paso de los años su gerente. Esta empresa tenía la concesión de la línea de Ferrol – Cobas ( Covas), cubriendo también las parroquias San Xurxo, Doniños, Mandiá y Esmelle… Desconozco donde fue hecha la fotografía aunque, por ser Serafín Lorenzo de Esmelle, supongo que sería en esa parroquia. La primera línea de autobuses que unió la parroquia (en aquellos tiempos perteneciente al Ayuntamiento de Serantes) con Ferrol comenzó su actividad hacia 1934 con dos vehículos, sus propietarios eran conocidos como  “Os de Primo”… Que también eran los dueños del salón de baile y cine de Covas. Al comenzar la guerra civil les fueron requisados los buses, de los que no tuvieron más noticias hasta que terminó la guerra, momento en el que les devuelven solo uno de los autocares en unas condiciones que lo hacía inservible, optando los propietarios por olvidarse del negocio. Entre esa época y hasta que “Ramón y Suárez” pusieron en marcha su empresa el único servicio de transporte público era el que ofrecía José o da Cochera, también conocido por José de Longra, propietario de la tienda conocida por “La Cochera” que, con una “rubia” (así se conocía de aquella a lo que hoy llamamos “monovolumen”) suplía la carencia de línea regular de transporte de viajeros.

Fuente: Carmen de Roque

Actualización:

Pongo en “primera” un comentario de Juan Fernández a quien agradezco su aportación, que me permite corregir un dato erróneo, gracias…

Ya he dejado este mismo comentario pero no se por qué, no se ha grabado: Estupenda foto de los años 60. El autobus de la fotografía, creo que era un “EBRO”, carrozado por un carpintero del ensanche llamado Castro. Al vehículo se le llamaba “la carolina”.
Lo que no es correcto es decir que la empresa “Ramón y Suárez hacía la línea a San Xurxo y Doniños. Esta línea, junto con la de A Cabana y A Graña era realizada por la “Empresa San Jorge”

Joyas de la fotografía ambulante

Estas tres fotos son las primeras de una serie que iré colgando cuando pueda. El autor de las mismas fue Serafín Lorenzo, más conocido por la comarca de Ferrol por “Cazolitos”.  Serafín era natural de  la parroquia de Esmelle en el     Ayuntamiento de Serantes (hoy Ferrol) e hizo de la fotografía su medio de vida. Siempre con su cámara al hombro (cuando empezó llevaba uno de esos armatostes con trípode incorporado), recorría toda cuanta fiesta patronal había, salones de baile, playas… También era reclamado para hacer alguna que otra boda o primera comunión de manera esporádica. Asimismo se le podía ver por las calles de Ferrol ofreciendo sus servicios a todo el mundo mientras señalaba la cámara y hacía una ligera inclinación de cabeza en busca de la aprobación. Sobre las fotos no voy a hacer comentario alguno, se comentan por sí mismas ¡Que disfruten!

Mi agradecimiento a José Andrés Pérez Otero que me facilitó el material gráfico.

Vista de la costa desde Trasmonte

Antes de nada tengo que aclarar que el lugar desde donde hice las fotos no sé si es Trasmonte o Golmar. Los cabos o puntas que se ven son (si no me equivoco… ¡joer! que estoy fino), los siguientes empezando por el que está en primer término... Punta Candieira (Cedeira); Punta Chirlateira (Pantín-Valdoviño); Punta Torella (Pantín-Valdoviño); Punta Corbeira (Pantín-Valdoviño); Punta Frouxeira (Meirás-Valdoviño); Punta de Prados (Meirás-Valdoviño); y el Cabo Prior (Covas-Ferrol)… De todas formas no os fiéis mucho.

Toribio

Corrían los años 90 del siglo XIX cuando el joven Toribio, castellano de nacimiento, llegó a la parroquia de Cobas en el desaparecido Ayuntamiento de Serantes y se puso a trabajar en las galerías de la mina de oro existente en la  parroquia. Pasado algún tiempo, Toribio formó familia con Carmen, una vecina del lugar de Rajón, con la que tuvo siete hijos. A pesar de las presiones del cura del lugar ni Carmen ni Toribio sintieron la necesidad de consagrar su unión. Criaron a sus siete hijos con todo el cariño que les podían dar y las carencias propias de la época que les tocó vivir. Eran muy apreciados por sus vecinos por ser gente trabajadora y honrada, menos por uno ¡el cura! Éste no opinaba lo mismo y les tenía prohibida la entrada en su iglesia, así cómo a sus vástagos, supongo que por ser la prueba irrefutable de su pecado. En los años 30 llega a Cobas un nuevo sacerdote, joven él, oriundo de Neda y que al poco de tomar posesión del cargo también lo tomó de una moza que era hija de un tendero con la que mantuvo una relación conocida por toda la parroquia. La similitud de su relación y la de Toribio no mejoró el estatus de apestado para la iglesia del minero castellano y su familia.

El de la sotana, quizás para darle mayor importancia a su ministerio y de paso acojonar un poco a la crédula gente del lugar, preparaba junto con su hermana y su compañera sentimental, unos paseos nocturnos representando el paso de “almas en pena”, que más tarde le reportarían unos buenos beneficios económicos en donativos para que, con sus poderes oratorios, alejase de la parroquia a tales “almas”.

En los años cuarenta Toribio deja este mundo cruel. Pero no así el cura, al que el buen señor le otorgaría unas cuantas décadas más de vida para que continuase su labor evangelizadora  con las pobres gentes de Cobas… Y, éste no tuvo mejor ocasión para poner a cada cual en su sitio. El del minero, por orden del santo varón, no era otro que una fosa fuera del camposanto pegada a un pequeño muro que rodeaba la iglesia y el cementerio sin señal alguna que indicase que allí reposaban los restos de Toribio. En lo que sí tuvo buen cuidado el de las sayas fue en que la tumba estuviese colocada de tal forma que quien fuese al cementerio no tuviese más opción que pisar sobre ella ¡Venganza divina! Sin duda.

Con el tiempo el túmulo fue cubriéndose de maleza, maleza que nadie osó cortar como homenaje a Toribio. Sólo su viuda y sus hijos acudían por difuntos a arreglar el lugar… el tiempo y las necesarias ampliaciones del cementerio hicieron desaparecer todo rastro del minero castellano.