¿Será éste el último Pantín Classic de la historia?

Si no perdí toda mi capacidad de olfato este año será, probablemente, la última vez que se celebre el campeonato de surf en nuestra playa. La “factoría” de olas que vociferaba el señor Irisarri a los cuatro vientos parece ser que dejó de ser suficiente motivo para la celebración de la renombrada prueba. No sé si son intereses localistas, meramente comerciales o ambas cosas a la vez. Pero el que se elija Doniños como segunda sede por si fallan las ondas en Pantín me parece ridículo y un poco “sospechoso”. Además, por lo que sea, haya o no haya olas… ya está decidido que uno de los días de la competición se desarrolle en el arenal ferrolano, por lo que, entiendo yo, no sólo es un problema de las olas que vienen y van, eso es secundario, la puñetera “pasta” entra en juego. A mí, que conste, me perjudica bastante que celebréis la prueba en Pantín… incluso diría que me molestáis. Copáis los aparcamientos públicos, mientras los de siempre tenemos que buscarnos la vida, acotáis una zona del arenal, impedís la circulación en un sentido por la pista paralela al paseo, y no gastáis un duro en la zona, etcétera. Me parece bastante indecente vuestra actitud y es por ello que os deseo un rotundo fracaso y que Neptuno convierta el océano Atlántico en una ría durante todo el mes de agosto como castigo a vuestro afán mercantil ¡dónde está el romanticismo inicial!

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Reflexionando

Bueno, reflexionando, reflexionando, lo que se dice reflexionando no es verdad del todo. Mi capacidad para ello ya está muy limitada, si es que alguna vez la tuve. Así que, digamos, que lo estoy intentando, lo cual, conociendo mis limitaciones… tampoco está mal. Y estos días estuve dándole al magín al conocer la noticia de que no sé cuántos chorizos españoles tenían unos ocho mil millones de euros a buen recaudo en un banco suizo para, no veo otra intención, evitar declarar y pagar los impuestos correspondientes a la empresa de la que soy uno de sus accionistas… LA HACIENDA PÚBLICA. Por lo tanto, esos señores me han robado a mí y a ustedes… Hasta ahí lo conocido por todos. Pero me falta saber una cosa sobre el asunto ¿quiénes son? Quiero nombres y apellidos, no me basta con que se les conmine a abonar lo defraudado con los correspondientes intereses, como parece ser que es lo que se va a hacer, leyendo las declaraciones de la vicepresidenta Elena Salgado ¡No! Vicepresidenta, así ¡no! Me da igual que se tarde diez o veinte años en cobrar lo chorizado por estos elementos. Pero quiero saber quiénes son, a qué se dedican, de dónde procedía ese dinero y cómo llegó a Suiza. Lo que usted pretende, Sra. Vicepresidenta, es conceder una amnistía a unos presuntos delincuentes sin pasar previamente por los tribunales correspondientes y, de paso, invitarles a que continúen evadiendo dinero.

El ataque de las sotanas

Estaba convencida de que mi capacidad de asombro en cuanto a la iglesia católica y sus miembros había tocado techo pero, miren ustedes que no. Ni siquiera tienen la elegancia de respetar a los muertos. Me refiero, concretamente, al recientemente fallecido Premio Nobel de Literatura, José Saramago,  a quien atacaron duramente nada más conocer su fallecimiento. Aunque estoy segura de que a él no le habría importado lo más mínimo. Pero es que, además, intentan ofenderlo con afirmaciones que para nada resultan ofensivas. Me explico, el rotativo vespertino de la Santa Sede publicó el pasado sábado un artículo firmado por Claudio Toscani, en el que, entre otras lindezas, califica a José Saramago de antirreligioso y marxista y yo me pregunto ¿y qué? También era alto y llevaba gafas y nadie va a criticarlo por eso. Lo de ser más o menos religioso, o nada, es una opción personal y no digamos ya la ideología política. O es que todo aquel que no “comulga” con los preceptos de la iglesia católica merece menos respeto que los que sí lo hacen aunque solo sea de “boquilla” y luego sus actitudes dejen mucho que desear. A buen entendedor…

Pitusa C. R.