101 % Hasta La Muerte

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¡Es el fin, estamos solos!

El silencio absoluto se hizo de un momento para otro, silbando en mis oídos de manera casi insoportable. Algo asustado me levanté del sofá donde, hasta ese instante, dejaba transcurrir el tiempo en paz con mis pensamientos. Muy preocupado me dirigí al balcón para ver que ocurría… miré a izquierda, a derecha, abajo, arriba… Nada. Ni los árboles bailaban, ni los coches se movían, ni hombres, ni perros… ni siquiera un triste gato había. Aterrado, busqué a mi mujer por todas las salas y alcobas de la mansión* y cuando, por fin, la encontré le grité ¡Es el fin, estamos solos… !. Ella, sin inmutarse, miró su reloj y luego a mi, se acercó y me susurró si quería ver el partido o prefería jugar al tute. ¡Eh! Qué partido, qué tute… ¡Ay dios mío… que hombre!, dijo mientras asía el mando del televisor…
*Apartamento