O trabuco de Soria

Por Fermín Goiriz Díaz
Iba eu quita pé, mete pé, pola corredoira abaixo cando o solpor estaba a ser máis negro que luminoso e a lúa de aquel día era tan nova que non daba vida. Os loureiros abaneados polo vento parecíanme calquera cousa menos o que eran. As veces vía homes, outras ánimas e outras ata o demo que se ría de min asomando entre as ramas mentras mostrábame un recibo da luz. A pesares de que o medo era moi forte ou por eso mesmo, collín unha pedra das moitas que baixo os meus pés evitaban que a terra empapada me tragara, e tiréina con tódalas miñas forzas cara onde eu creía que un home, ánima ou o cabrón do demo andaba a seguir os meus pasos. Debín de tirala tan ben que oín un: ¡ay, ay, ay, ay!. Inda que apuréi todo canto puiden o meu paso non puiden ver a quen lle arreara coa pedra que lanzara con toda a miña alma contra o medo á nada que resultou ser algo. Canto medo fasme pasar ¡Meu Deus! por mor do trabuco de Soria.

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Un día perdido…

Pero totalmente perdido, nada productivo hice ni quité del día que ya empieza a decir adiós bajando la intensidad de su bombilla natural. Aún así, a pesar de considerar que nada en limpio aproveché de él, no es menos cierto que tampoco perdí nada, aparentemente, importante… por lo cual declaro a este día de enero como “Domingo Inocuo” del mes.
Mañana, de existir, me gustaría resarcirme y exprimir sus minutos hasta que mi cuerpo y mente logren soportarlo… empotrándome literalmente en mi sofá hasta formar ambos una simbiosis cuasi perfecta de la que podamos sacar el mayor provecho posible a nuestra alianza de intereses.
Mañana les cuento, si me acuerdo y quiero… porque aún puedo decidir… ¿No?

 

Bicefalia

Que ¿qué tal lleváis el estreno de año? Espero y deseo que os vaya muy bien la cosa y que “El Cambio” iniciado por el ya presidente Rajoy y sus muchachos os haya animado la Nochevieja… Por cierto, ¿sabéis por dónde anda el hombre?, me preocupa que sólo asome la cabeza por los medios la Primera Ministra de esta bicefalia en la Jefatura del Estado, doña Soraya… Una representada por El rey y la otra por un Presidente a la alemana o, quizás, a la rajoyniana (puro, tele y cama).
Pero bueno, tampoco es para dramatizar… Ya aparecerá algún día por el Bernabeu o por el Monte do Gozo… Tendrá que dejar constancia gráfica de su paso por la presidencia ¡digo yo!
Os pongo a mayores un enlace a un comentario escrito por mi compañera del metal y lesionada esposa, que se ha roto un tendón del dedo anular derecho al intentar quitarse el anillo de boda que tanto me costó colocarle en su momento y que, a pesar de mis advertencias, ella se empeñó en sacar para llevarlo a valorar en una de esas casas de compra-venta del preciado material que surgieron de la noche a la mañana… Está claro que aunque haya recesión… perdón, “tasa negativa de crecimiento”, que despiste… algunos se hacen de oro.
Enlace al artículo de Pitusa Caruncho  “Recortes y promesas incumplidas”: Aquí
Por Fermín Goiriz Díaz

Día más tonto ¡córcholis!

Lo de “córcholis” es por si a algún lampiño se le ocurre pasar por aquí y leer lo escrito, no vaya a escandalizarse el mozo…
Pues sí, hoy es uno de esos días tontos o, como diría un conocido, un día perdido… a pesar de no parar de realizar un sinfín de actividades. Pero que, sin saber muy bien el porqué, ninguna de ellas termina de satisfacerte… incluso, diría, te pone de malas pulgas.
Una de las actividades que realicé hoy fue la de intentar degollar al cordero que (si los genes heredados lo permiten), zamparé en nochebuena y, recalentado, el día de navidad (austeridad). El que piense que el sacrificio del símbolo de la mansedumbre es tarea fácil está muy equivocado. Es la actividad, que recuerde, más difícil de las que he intentado desarrollar a lo largo de mi carrera hacia la muerte y no porque el pobre animal se haya opuesto de una manera violenta a mis pretensiones. No.¡Por su mirada! Esos ojos de cordero a punto de ser degollado me desarmaron hasta tal punto que, de hecho, fui incapaz de meterle el cuchillo. Pero una cosa era no matar al animal y otra no tener cena, por lo que opté por llevarlo al matadero municipal y contratar a un sicario especializado en la materia para que se hiciese cargo del asunto y evitar así que los remordimientos me impidiesen dar cuenta del mamífero artiodáctilo (Wikipedia, claro) en tan señaladas fechas. Esto de ser omnívoro acarrea más problemas de lo que a simple vista pueda parecer, debe de ser algo parecido a lo que le ocurre al soldado la primera vez que mata a su “enemigo” el escalofrío debe de ser aterrador. Claro que al quinto o sexto contrario derribado, afortunadamente para sus generales, ya no tendrá recuerdo alguno de su primera experiencia. Quizás más tarde, con los años, llorará en silencio por ellos.
Y a qué viene que les esté contando esta película de terror se preguntarán algunos, lo cual no me extraña en absoluto, yo mismo me la he hecho y no tengo ni la menor idea. ¿Escribir por escribir? Podría ser, por qué no… o no, que también…
por Fermín Goiriz Díaz

Al pie del Teide

No hay forma de evitarlo,
es sabido que llega siempre,
ya sea en verano o en navidad.
No se guía por ningún calendario,
está libre de las ataduras temporales
tiene sus reglas y actúa.
No hay bondad ni maldad, no.
Es su trabajo, cumple y se va…
Mientras yo, tu, él, nosotros…
aun comprendiendo que es así…
heridos en el alma por su muerte
lloramos… al pie del Teide.

A mi tío Pepe

por Fermín Goiriz Díaz

Padezco el síndrome de Cospedal

No crean ustedes que es una de mis habituales coñas marineras. En absoluto. El otro día, aprovechando que fuimos acompañar a un familiar a la consulta del cirujano y que mi presencia no era necesaria,  me dediqué a dar un paseo por las instalaciones del centro médico. Andaba yo deambulando por los pasillos de las distintas plantas de Consultas Externas; parando por aquí para saludar a un viejo conocido… apurando el paso por allí para escapar de otro… Cuando oigo que alguien me llama cómo lo hacían los amigos de toda la vida… ¡Min! Me giro y reconozco al instante a mi viejo amigo Juan. Aunque vivimos relativamente cerca el uno del otro y tenemos nuestros números de teléfono, es rarísimo que coincidamos más de dos veces en el año. Pero la amistad y la disposición del uno para el otro  no cambia. Si uno tiene un problema o, simplemente, quiere desahogar sus penas ahí estamos para lo que haga falta. Además de amigo, el doctor Covas, es uno de los mejores psiquiatras  de la comarca ártabra… Después de los abrazos y preguntas de rigor  ¿Qué tal los hijos, qué tal Pitusa, qué tal tu madre? Aproveché la ocasión para pedirle su opinión profesional sobre un asunto que me tenía preocupado. Suelta, Fermín… ¿Qué te ocurre? Mira, Juan… no sé cómo empezar… Por el principio, si te parece bien (me dice el cabronazo). Es que llevo un par de  días en que no se me va de la cabeza  la idea de que me están espiando… ¡Ya! me dice mientras me agarra del brazo y me lleva hacia un lugar tranquilo… Min, amigo ¡Ni puto caso al asunto! Lo único que tienes que hacer es dejar de leer periódicos, ver la televisión, escuchar la radio y listo… ¡Ah! Y por  Internet solo porno, nada de política hasta las próximas elecciones. O sea, no tengo nada y me aíslas del mundo… Raro ¿No te parece?.¡No, de raro nada! Lo único que tienes es un simple síndrome de Cospedal, nada grave… Ya sé que te gustaría que te dijese que padecías el de Stendhal que es más chic, pero es lo que hay. Así que, haz el favor de seguir mis consejos y en unos meses ya ni te acordarás del asunto. Tras la despedida de rigor volví a la sala de espera de cirugía. Me senté en una silla libre… y abrí el periódico por la página de anuncios por palabras… “Sanxoán. Su detective privado…” ¡Joder!

Mañana hablamos de nuevo… si quieres

Hacía ya tiempo que no aprovechábamos la noche para hablar de nuestras cosas. Hoy. Nos desquitamos. Aunque, como casi siempre, tu eras el que decidía que pieza interpretábamos. Me mostraste otra vez, como dos años antes de irte, los poemas por ti seleccionados y que habías pasado a pluma en aquellas fichas blancas que te había traído de la papelería. No eran poemas completos los que transcribiste, eran versos sueltos de unos y otros autores. Versos defensivos. Fármacos en forma de verso que no son más que placebos. Placebos en verso para mitigar el miedo. Al despertar me dirigí hacia el cajón de los recuerdos y, allí estaban… tus fichas blancas. Dentro de la misma carpeta en la que las guardaste. Mañana, papá, hablamos de nuevo… si quieres.